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LA RETAGUARDIA: TANTO O MÁS IMPORTANTE QUE LLEVAR TODO POR DELANTE

Como dicen: "lo prometido es deuda", y a continuación les extracto la segunda parte del posteo pasado, la oda intitulada, sin ningún tipo de circunloquios o retórica del lenguaje, El culo de una arquitecta. A diferencia del anterior sobre... -¡Sí! ¡Las tetas señora...!"- no es tan extenso como el anterior del mismo hilarante autor Pedro Mairal.

Pasamos a la sugestiva lectura sobre algo tan conocido por su devastador efecto en el público masculino, como por la "inocente" sugestión del contribuyente público femenino para buenos humores y cachondeo de los primeros.

por Pedro Mairal
No suelo concordar con el prójimo varón sobre cuál es el mejor culo. Noto un gusto general por el culito escuálido de las os flacas. A mí me gustan grandes, hospitalarios, macizos. Me gusta el culo balcón, que sobresale y se autosustenta como un milagro de ingeniería. El culo bien latino, rappero, reggaetón, de doble pompa viva y prodigiosa. Me salen versos cuando hablo de culos. Quizá porque en los culos hay algo más antiguo y atávico que en las tetas, que en realidad son una intelectualización. Las tetas son renacentistas, pero el culo es primitivo, neanderthaliano. Con su poder de atracción inequívoca, su convergencia invitadora, es un hit prehistórico. Despierta nuestro costado más bestial: el del acoplamiento en cuatro patas. Las tetas son un invento más reciente, son prosaicas. El culo, en cambio, es lírico, musical, cadencioso, indiscernible del meneo de caderas, del ritmo, la batida de la bossa que retrata a la garota que se aleja en Ipanema. Porque el culo siempre se aleja, siempre se va yendo, invitando a que lo sigan. Se mueve en dirección contraria de las tetas que siempre vienen y por eso suelen ser alarmantes, amenazadoras, casi bélicas (me acuerdo de las tetas de Afrodita, la novia de Mazinger Z, que se disparaban como dos misiles). Las tetas confrontan, el culo huye, es elegía de sí mismo, se va yendo como la vida misma y deja tristes a los hombres pensando qué cosa más linda, más llena de gracia aquella morena que viene y que pasa con dulce balance camino del mar. Las mujeres argentinas tienen orto, las colombianas jopo, las brasileras bunda, las mexicanas bote, las peruanas tarro, las cubanas nevera o fambeco, las chilenas tienen poto. O mejor dicho, las chilenas no tienen poto, según mis amigos transandinos que se quejan de esa falta y quedan asombrados cuando viajan por Latinoamérica. Yo mismo casi me encadeno a la muralla del Baluarte de San Francisco en el último Hay Festival de Cartagena de Indias para no tener que volver y poder seguir admirando el desfile incesante de cartageneras o barranquilleras cuyos culos altaneros merecían no este breve artículo sino un tratado enciclopédico o un poemario como el Canto General. De las cosas que hacen las mujeres por su culo, la que más ternura me da es cuando lo acercan a la estufa para calentarlo. No lo pueden evitar. Pasan frente a una chimenea o un radiador y acercan el culo, lo empollan un rato. El culo es la parte más fría de una mujer. Siempre sorprende al tacto esa temperatura, el frescor del cachete en el primer encuentro con la mano. Durante el abrazo, se puede llegar a los cachetes de dos maneras. Una es desde arriba, si la mujer tiene puesto un pantalón, pero es dificultoso y lo ajustado de la tela impide la maniobra y la palmada vital. La otra forma es desde abajo y eso es lo mejor, cuando se alcanza el culo levantando de a poco el vestido, por los muslos, y de pronto se llega a esas órbitas gemelas, esa abundancia a manos llenas. En ese instante se siente que las manos no fueron hechas para ninguna otra cosa más que palpar esa felicidad, para sentir con todos los músculos del cuerpo la blanda gravitación, el peso exacto de la redondez terrestre. Se suele pensar que, en el , la posición de perrito somete a la mujer. Pero hay que decir que abordar por detrás a una mujer de ancas poderosas puede ser todo lo contrario: es como acoplarse a una locomotora, como engancharse en la fuerza de la vida, hay que seguirla, no es fácil, uno queda subordinado a su energía, hay que trabajar, darle mucha a, carbón para la máquina. Es uno el que queda sometido a su gran expectativa, absorto, subyugado, vaciándose para siempre en la doble esfera viva de esa mantis religiosa. Una vez vi un hombre de unos 45 años dando vueltas al parque, corriendo tras su personal trainer. Lo curioso es que era una personal trainer, y las calzas azules de esta profesora de gimnasia evidenciaban que tenía un doctorado en glúteos. Como el burro tras la zanahoria, el hombre corría tras ella sin pensar en nada más que ese seguimiento personal. No me sorprendería que a la media hora hubiera un grupo de corredores trotando detrás, en caravana. La música de los culos es la del flautista de Hamelin. Los hombres, con su legión de ratones, van tras ella, hipnotizados. Las mujeres saben aprovechar sus recursos. Yo trabajé en una empresa en el mismo piso que una arquitecta narigona (esas narigonas ys) y con un “tremendo fambeco”. Ella sabía que era su mejor ángulo y lo hacía valer, con unos pantalones ajustados que dejaban todo temblando. Era una de esas oficinas cuadradas, llenas de líneas rectas: el almanaque cuadriculado, la tabla rectangular del escritorio, la ventana, los estantes, las carpetas de archivos. Un lugar irrespirable de no ser por el culo de la arquitecta que a veces pasaba camino a tesorería o a la fotocopiadora. Su culo era lo único redondo en todo este edificio de oficinas. Lo único vivo yo creo. Nunca intenté nada (se decía que tenía un novio), pero en una época yo pensaba escribir una novela con los acoplamientos heroicos que imaginé con ella. Una novela que iba a titular, con un guiño a Greenaway, “El culo de una arquitecta”. No escribí ni dos líneas de esa novela, pero sí algunos poemas que ella nunca leyó. Me acuerdo que la veía antes de verla, la intuía en un ritmo particular que tenía el sonido de sus pasos, un peso, un roce de la cara interna de sus muslos de falsa mulata. Cuando aparecía en el rabillo de mi ojo, ya sabía plenamente que se trataba de ella. Y pasaba y todo se detenía un instante, el memo, el mail, la voz en el teléfono, todo se curvaba de pronto, no había más rectas, todo se ovalaba, se abombaba, y el corazón del oficinista medio quedaba bailando. No exagero. Además era plena crisis del 2002. Todo se derrumbaba, caían los ministros, los presidentes, caía la economía, la moneda, la bolsa, caía el gran telón pintado del primer mundo, caía la moral, el ingreso per cápita, todo caía, salvo el culo de la arquitecta que parecía subir y subir, cada vez más vivaracho, más mordible, más esférico, más encabritado en su oscilación por los corredores, pasando en un meneo vanidoso que parecía ir diciendo no, mirame pero no, seguime pero no, dedicame poemas pero no. Ojalá ella llegue a leer esto algún día y se entere del bien que me hizo durante esos dos años con solo ser parte de mi día laborable pasando con tanta gracia frente al mono de mi hormona. Y ojalá se entere también que, cuando me echaron, lo único que lamenté fue dejar de verla desfilar por los pasillos respingando el durazno gigante de su culo soñado.
(publicado en Colombia, en la revista Soho, en febrero de 2008)
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ENTRE EL ARTE Y LA VULGARIDAD DE LA "NUEVA" CULTURA POPULAR

Leyendo mails y fowards del correo electrónico voy y me encuentro con uno bastante particular que me remite a un blog colombiano, bastante interesante, sobre cultura y literatura de un formato bastante similar al de una revista, que también posee artículos de distintos medios periodísticos -de suplementos especializados en cultura- como de revistas a fines a la actividad cultural.

La nota en cuestión trataba sobre algo tan específico, entre un lenguaje vulgar-erudito, pero sintácticamente correcto, sobre las "tetas" y los "culos". Sí, leyó bien, haciendo -claro- una parodia, a mi juicio, del fetiche ual por excelencia de los hombres y enarbolado por las mujeres para uso y abuso de su . Se trata en primera instancia del Ensayo sobre las tetas publicado en la revista Brando en Noviembre de 2006 por Pedro Mairal, y en segundo lugar de la oda, El culo de una arquitecta, publicado en la revista Soho en Febrero de 2008; ambas publicadas en la ciudad de Buenos Aires y Colombia respectivamente. Si bien es largo, adjunto el texto a continuación para los blogueros lean -no sin antes una risita con sorna ceñidas en las comisuras-; y para deleite de las mujeres lectoras sobre las grandes verdades ocultas -y ya no tanto- de la conciencia invadida por los "ratones" del masculino. En el próximo posteo, como si se tratara de una novela folletinesca por entregas, aparecerá la oda al "templo" por excelencia femenino:

Ensayo sobre las tetas

por Pedro Mairal
Ahora que llega el calor y por toda la ciudad afloran las tetas con su vanguardia prometedora de un tiempo blando, vale quizá entregarse a esa curiosidad primaria que generan las tetas en la vida de los hombres. Primero están las tetas paradigmáticas, formativas. Las tetas alarmantes del cine o la TV. Depende la edad de cada uno. Para una generación fueron las tetas de la Loren en Bocaccio 70, o de Anita Ekberg en La Dolce Vita. Para otros habrán sido las tetas de la Cucinotta en Il postino, o las tetas ya más estilizadas y armónicas de Mónica Bellucci en Malena. El cine italiano siempre fue proveedor de grandes tetas mediterráneas. Las tetas americanas en cambio siempre quedaron en un tercer plano, detrás de las explosiones y los autos chocadores. Estados Unidos no fue ni es un buen proveedor de tetas, a excepción de las tetas de Lynda Carter en La Mujer Maravilla que eran bastante notables, tetas atléticas, altivas, heroicas, increíblemente controladas por ese corset con estrellitas. Wonder Woman provocó en muchos las primeras inquietudes masculinas, el primer desasosiego, esa terrible sensación de falta que nos dejaba temblando ante la tele y el Nestquik, sin entender bien por qué. Pero en general, las tetas yankis suelen ser más silicónicas, como las de Pamela Anderson en Bay watch. O, si son naturales -como en el caso de la morena totémica Tyra Banks- ni tienen gracia ni son ies. Tyra es tan poco y que en su programa invitó a un famoso cirujano plástico para probar, en vivo, que sus tetas son naturales. El cirujano se las palpó y le hizo una mamografía en directo, frente al público invitado. A Tyra, emocionada, se le entrecortó la voz explicando que hacía eso porque estaba harta de que dijeran que sus tetas no eran suyas. A nivel nacional, todavía la Coca Sarli no ha sido desbancada de su puesto de diva exclusiva del fetichismo mamario, con una filmografía entera dedicada a sus tetas panorámicas, sus tetas como auspiciadas por la oficina nacional de turismo, porque asomaban en todos los lagos, las montañas, las cataratas del país, dándole una categoría geográfica a esas tetas exhibidas a la par de la exhuberancia del paisaje. Sus largas flotaciones en la hidrografía argentina no tienen y quizá no vuelvan a tener un parangón. Después de las tetas virtuales y mediáticas, aparecen en la vida de uno las tetas reales, quizá todavía no palpables, pero sí visibles. Aquellas tetas que uno vio por primera vez , en persona, no se olvidan nunca más. Cuando estaba en segundo año del secundario, me llevé a marzo Lengua y literatura y tuve que tomar clases particulares de análisis sintáctico con una profesora que venía a casa. Se llamaba Teresa. Yo tenía quince años y ella no pasaba de los veinticinco. Era diciembre y hacía calor. Teresa venía a casa con unas musculosas sueltas, sin corpiño. Un día, sentados juntos, inclinados frente a las oraciones para analizar, le vi a través del escote las tetas, las puntas de las tetas, los pezones rosados. Sentí una alteración violenta, como si se me frenara toda la sangre de golpe y me empezara a fluir en la dirección opuesta. Ella se dio cuenta y se acomodó la musculosa sin preocuparse demasiado, dejando que volviera a pasar lo mismo varias veces. Tomé más clases, estudié mucho y di un muy buen examen. Nunca me olvidé de las estructuras sintácticas de Teresa. El relámpago clandestino de sus tetas veinteañeras le dio un erotismo a la materia que ningún profesor del colegio lograría infundir jamás. La mirada de los hombres dobla. Cuando pasa una mujer con lindas tetas la mirada de los hombres se curva, busca, se inmiscuye a través de los pliegues, a través de los escotes o los botones mal cerrados, y adivina, sopesa, sentencia. Las mujeres an sus tetas como quieren. La ropa puede levantar las tetas, ocultarlas, ajustarlas, trasparentarlas, sugerirlas, agrandarlas. Es bueno conocer todos esos trucos, no tanto para no dejarse engañar, sino más bien para participar y entregarse al juego. Las tetas de los años cincuentas, por ejemplo, eran cónicas, eran parte de un torso sólido y apuntaban amenazantes; después, en los sesentas, las tetas desaparecieron un poco de escena en el hippismo de las pacifistas anti corpiño; en los ochentas empezó la fiebre de las siliconas; y ahora las tetas son como globos apretados y empujados hacia arriba por el famoso wonder bra. Hay que tener en cuenta que el wonder bra da forma, pero también rigidez. Y es una lástima porque no hay nada como ese temblor hipnótico que va a un ritmo aparte de los pasos de la mujer, como un contrarritmo, una síncopa propia de las tetas naturales en acción. Las tetas tienen vida propia, eso es sabido; no son como el culo por ejemplo que se mueve dirigido por su dueño. Las tetas parecen difíciles de controlar. En ocasión de cabalgatas, escaleras y trotes para alcanzar el colectivo, pueden incluso ser graciosas, torpes y poco serias. Algunas mujeres sin embargo tienen la habilidad de dirigirlas. Nuestra deslumbrante Carla Conte, por ejemplo, sabe hacer un mínimo taconeo entusiasta, un rebote de afirmación, de plena simpatía, de aquí estoy, que le provoca un temblor hacia arriba que termina en una especie de vibración de trampolín a la altura de sus tetas plenipotenciarias de chica de barrio. Un movimiento que le ganó televidentes y que detiene el zapping. Dentro de los cambios evolutivos, que van del homo sapiens al homo mediáticus, la función más importante de las tetas hoy en día ya no es la reproducción sino la capacidad para aumentar el rating. Pero volviendo a las tetas reales de este lado de la pantalla, ¿cómo se accede a ellas, cómo se alcanzan y develan? Las mujeres tetonas tienen una habilidad desarrollada durante años para frenar las manos de los hombres-pulpo. El hombre-pulpo es el que no da abasto, el que ya tiene las dos manos agarrando cada cachete del culo y va por más, porque quiere además palpar simultáneamente la abundancia de las tetas y es como si les nacieran dos brazos suplementarios para alcanzar ese fin. Pero las mujeres tetonas tienen mucha destreza, saben interponer el codo y bloquear todo intento de avance. Hay que aprender que si una mujer detiene una mano no hay que insistir, sino intentar más adelante por otro lado, despacio, sin apurarse. Nunca jamás debe intentarse tocarle las tetas a una mujer antes de darle un beso, porque sería un fracaso (hay excepciones, hay abordajes muy acalorados por detrás que vienen con doble estrujamiento de tetas y beso en el cuello, pero no son muy frecuentes entre desconocidos). En general las tetas se exploran durante el beso, en lo más apasionado del beso. Una vez instalados en ese vértigo, se puede subir una mano por la espalda que explore debajo del elástico del broche del corpiño, pero sin desabrochar nada todavía, en una caricia que llegue a la nuca, que disimule un poco pero que a la vez diga ya estoy acá debajo de esta lycra tirante y no me voy a detener. Si la mujer accede tácitamente (porque nunca hay que preguntar ni pedir permiso) entonces ahí sí, se puede intentar desbrochar, desmantelar la delicada ingeniería del corpiño, desactivar esa tensión tan linda, lo elástico, lo tirante de las tetas sujetadas entre diseños de moños y florcitas. Y entonces llega la verdad, sin íntimos trucos textiles, la doble realidad pura y palpable. Entonces aparecen, asoman en estéreo, se despliegan las tetas en todas sus variantes como ejemplos de la biodiversidad. Tetas duras, nuevas, tetas derramadas, pesadas, tetas blandas, inabarcables, tetas sin caída, sin pliegue como cúpulas altas de pezones rosados, tetas apenas sobresalientes pero halladas finalmente por las manos, tetas enormes y llenas, tetas asimétricas, tetas breves pero puntiagudas de pezones duros, tetas lisas de aureolas enormes apenas dibujadas, tetas blancas, morenas, con marcas de , tetas chiquitas y felices, tetas tímidas, esquivas, o desafiantes, orgullosas, guerreras. Todas lindas, dispuestas para el beso, la lengua, el mínimo mordisco, y provocando una sed desesperada cuanto más grandes, una actitud ridícula del hombre que de repente actúa como un cachorro ciego y hambriento y desbocado. Y sin embargo esa sed no termina de saciarse. Hay algo misterioso en la atracción por las tetas. Porque, ¿qué se busca en las tetas? Las atracciones de la cintura para abajo tienen un objetivo siempre más claro y complementario, que termina consumándose sin demasiado equívoco. Pero en las tetas, ¿qué buscan los os? Que todo sea un simulacro de lactancia no cierra bien. Demasiado edípico y cantado eso de buscar repetir ese vínculo nutricio con la madre. ¿Y además las mujeres qué ofrecen cuando ofrecen sus tetas? Dicen que la existencia de las tetas tiene un propósito de atractivo ual (además de su fin alimentario). Dicen que al estar erguidas las hembras humanas tuvieron que desarrollar una especie de reduplicación del culo en la parte de delante de su cuerpo para atraer a los machos. Ése es el fin que cumplirían esas dos esferas juntas a la altura de las costillas superiores: ser un señuelo similar a un culo llamativo. La explicación parece bastante ridícula y quizá por eso mismo –porque el cuerpo humano es bastante ridículo- sea cierta. Las tetas son insoslayables. Imanes de los ojos. Las tetas invitan a la zambullida para pasarse un verano entre esos dos hemisferios. Son más fuertes que uno. Hay una fuerza hormonal y animal que supera todo intento represivo y civilizatorio por no mirar, por no quedar como un primate bizco de deseo. Mirar todo el tiempo a los ojos a una mujer con un buen escote es un difícil ejercicio de autocontrol, es casi imposible que los ojos no se nos resbalen a esas curvas, que no caigan y se entreguen con toda la mirada a la gravitación de la redondez de la tierra. Porque hay tetas que son insostenibles, y provocan incredulidad. Uno mira una vez y vuelve a mirar pensando ¿Vi bien?. Y sí, uno vio bien, y esa visión genera una inquietud, una insatisfacción total de la vida, uno quiere entrar en ese mundo blando y suave, uno se siente lejos de esas tetas, desamparado como un soldado en la trinchera. El anoréxico gusto de la época propone un ideal de mujer flaca pero con grandes tetas, algo raro que se da sólo en casos prodigiosos. Por eso la superabundancia de tetas falsas en los medios, tetas que quedan estrábicas, desorientadas, y a veces un poco ortopédicas. Se exigen mujeres escuálidas que terminan poniéndose siliconas porque sin prótesis presentarían unas tetas apenas protuberantes, tetas de bailarina de ballet; una belleza sutil y sugerida que la tele parece no poder aceptar. Una regla extraña pero frecuente hace que las tetonas sean chatas de culo, y las culonas sean chatas de arriba. Como si en la repartija hubiera que optar por una u otra opción. La mujer latinoamericana suele ser más dotada de grupas que de globos. La mujer promedio brasilera, por ejemplo, con su mezcla afro-tupí, suele tener unas poderosas pompas brunas y ser bastante chata de tetas. En cambio las mujeres europeas, nórdicas, suelen presentar - como escuché decir una vez en un canal de cable- un volumen mamario importante. Las alemanas teutonas, las suecas, las valquirias escandinavas, son mujeres con toda la vida por delante. Avanzan heroicas con grandes tetas redondas, doradas, divergentes. En Francia se hace más un culto a las tetas que al culo, y sin embargo las francesas -con excepciones normandas que cortan el aliento como la impresionante Laetitia Casta- suelen ser magras, escasas y finas. Quizá las tetas no sean indispensables, pero dan alegría. Por suerte, las argentinas, gracias al encuentro de las sangres nativas y la inmigración mediterránea, suelen tener medidas armónicas, lo que quiere decir que están bien de todos lados. Y si nos llegara a tocar enamorarnos de una mujer sin tetas, habrá que apechugar, quererla, y echar de vez en cuando unas pispeadas nomás, disimulando. Hay que tener cuidado. Un amigo tuvo un lapsus que precipitó su separación. Su novia, que era muy chata y celosa, se cansó de pescarlo mirando escotes por la calle y le vaticinó: Vos un día me vas a dejar por una tetona. Y él, queriendo arreglarla le contestó: Sin vos estaría perdido, amor, sos mi tabla de salvación. (*publicado en la revista Brando, Buenos Aires, noviembre 2006)
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LA IRONÍA DEL PSEUDO-ZURDO: "El POBRE, LA CLASE MEDIA Y EL RICO"

Antes de seguir con el tema, quiero aclarar que no concuerdo con ningún partido u orientación política, solamente no tengo preferencia por ningún extremo de esta ciencia. Pero ese extremo en particular, me exalta por la falsedad que demuestra.

La doctrina comunista exige la igualdad de derechos y bienes para todos los miembros de una sociedad, repartiendo equitativamente los recursos económicos del país, pero no conozco ninguna sociedad, dominada por algún defensor de esta ideología, en donde se cumplan (o se apliquen) tales objetivos por igual, sin hacer diferencias. Supuestamente defienden y representan a las clases bajas, o a los 'trabajadores', como se hacen llamar ellos, pero en realidad someten a la mayoría de la sociedad a la pobreza, repartiendo mínimas partes de las recaudaciones al común de las personas, y dejando el GRAN resto para la selecta clase alta que nunca faltan en ningún lado.
Y no se conforman con engañar a gente de poca cultura o "cerebros lavados", también se ocupan de criticar a "la clase media", desde un punto de vista que indica rencor hacia el que tiene más. Sin demostrar intereses en lograr "tener" más mediante el esfuerzo.
Recientemente leí en la revista 'Caras y Caretas' (Las calenturas de la clase media - Febrero de 2008) un artículo referido a la clase media, que solo se encarga de tratar despectivamente a este sector, haciendo comentarios como: ''...las clases altas son las que piensan como debe organizarse la sociedad y dan las ordenes, las clases populares son las que las ejecutan y la clase media se sienta en una silla y transmite esas órdenes. Ni piensa ni ejecuta: es la clase social de los papeles, de la burocracia''.
Creo yo que la clase media se caracteriza por su real empeño en progresar y seguir adelante a pesar de las adversidades, siempre se esfuerza al 100%, tratando de no descender en la difusa pirámide de las clases sociales.
En cambio lo que me refleja la clase baja en su gran mayoría (ser trabajador o no, no depende del estatus económico), es un deseo constante de obtener todo ''de arriba'', sin preocuparse por su educación cultural y los valores sociales mas importantes, como lo demuestran casi todos los grupos ''piqueteros'', que al efectuar sus frecuentes cortes, impiden que una gran cantidad de personas lleguen a sus trabajos, y llegan a extremos como no dejar pasar a ambulancias, un caso por demás conocido por sus consecuencias.
Lo mas reprochable es su ingenuidad (o idiotez) a la hora de elegir sus representantes, que no los representan a ellos ni a su ideología, y para empeorar las cosas, pertenecen en su mayoría a la "selecta" clase alta. Si tan socialistas o comunistas son, que repartan equitativamente sus ganancias, o por lo menos realicen actividades solidarias.
Pero que no ataquen a la clase social que no mira pasar la vida como la clase baja -sin preocuparse por sí mismos a pesar de las carencias-; aun cuando la clase alta es la que vive sin preocupaciones financieras. A parte la clase media siempre busca superarse en base al trabajo y a las buenas costumbres y/o acciones, y encima soportan las críticas y ofensas de los de los que "más tienen".
Para finalizar, quisiera que aquellas personas que defienden esta ideología, observen en Cuba -el mayor exponente del Socialismo- que no todo es tan bueno como intentan reflejarlo, se carecen de muchos servicios y productos a los que estamos totalmente acostumbrados. Seguramente cuando ellos lean esto pensaran que soy un imbecil, mientras toman su Cuba Libre.
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LA "AVIVADA": BIEN CULTURAL DE EXPORTACIÓN EN EL ARGENTINO PROMEDIO

Casos hay, desde la cúspide de la historia de los tangueros en los arrabales porteños -en tiempos de Carlos Gardel, Enrique Santos Discépolo, y todos los que mediante la nostalgia impartieron el arte de la congoja- de "vivos criollos", hasta nuestros días, con personajes de la literatura o el humor gráfico. Aquellos que hicieron gala de su "viveza" como acervo popular y bien cultural de un pueblo.

La "avivada" y todas las denominaciones y connotaciones que pueda llegar a tener este término a través del lunfardo de los de su época, hoy día, posmodernidad mediante, el pueblo argentino lo alza como triunfo de una sociedad que, incluyéndonos a todos, perdió los valores y el sentido de una justicia social. Desde actos tan vitales, como los que llevan al "normal" desenvolvimiento de los ciudadanos en su cotidianeidad, junto a valores cotidianos. El "vivo" ocupa un lugar privilegiado ya que es una creación del imaginario popular, una creación nuestra, como si fuera una "virtud" nacional, en última instancia. En la misma línea, el "vivo", como describiera el periodista Marcos Aguinis en la revista Noticias, en artículo sobre el tema, representa el modelo social del argentino promedio. Por medio de un perfil psicológico moldeado al gusto por la "hazaña criolla", la "virtud" nacional de birlar cobardemente a todos y hasta a uno mismo auto-destructivamente, son develados en el contexto político. El que nos tiene acostumbrados a la mentira y a la corrupción, y que se traduce por decantación en cultura de nuestro pueblo. De allí el consabido legado "cultural" de la "viveza criolla" de antaño. Re-significado en el contexto y épocas actuales de políticas de Estado tendientes a pasarse de "vivos": con nada mas ni nada menos que la dilapidación de los bienes públicos, la de todos los argentinos. Casos concretos hay raudales -en la historia política de nuestro país- de gente corrompida por el seductor halo del poder. En la actualidad el valija-gate sólo es un ejemplo más, de muchos que adornaron la historia política nacional, sólo ya desde una visión somera de la realidad política... Antes eran los compadritos -en tiempos más remoto los gauchos, junto a la instalada contraposición "civilización o barbarie", de la literatura de su época- quienes le cantaban a la luna, al amor en pena, a la angustia del alma nostalgiosa; los tangueros, en fin, quienes con piropos y todo tipo de galanterías conquistaban seduciendo a la "presa" de sus pasiones: la compadrita. O bien hasta saciar al fanatismo de sus ambiciones, a saber, la aprobación del público en general. Ahora ese legado a las claras de traduce en políticos que maman este acervo de cultura mediocre. Tal fuera el caso de, como se dijera, Antonini Wilson y los U$A 800 mil del valijero que, según dicen, iban a parar a manos de CFK (-¡Clishtina!-) en pos de financiar su campaña electoral. En otro orden, frases como las de "mano en la lata" fueron popularizadas a nivel mundial con propagandas atinentes a las "avivadas" argentinas; que a mi parecer retratan a la perfección lo que sucede a nivel cultural en el país. La cultura, la que es patrimonio de un pueblo a través de los medios de comunicación, la que se reproduce en toda de la urbe por medio de, valga la redundancia, los mass-media, es una cultura nefasta que la erigen los "vivos" y "exitosos". Quienes, en una palabra sin circunloquios, se "cagan" en las buenas costumbres de sus habitantes, y sin embargo -contrariamente a la indignación por tales aberraciones a la moral pública- nos tienen acostumbrados, modelo de "paparuchadas" que hasta nos parecen están "bien"... No es extraño encontrar muletillas lingüísticas, en un diálogo común, de entre mesa con la familia; o con amigos en lugares públicos, como la estación de servicio, el café, el trabajo... o cualquier otro reducto social, en fin, en que la palabra "vivo" o "viveza" es tan común. Y sólo por estar instalado en el habla coloquial de todos los días. No es raro que se confunda "viveza" con "inteligencia", cuando el sentido común, a estas alturas deformado, demuestra un sentido totalmente contradictorio. Por un lado, el "vivo", es aquél -como retratara autobiográficamente Marcos Aguinis- quien arremete contra su público cuando las cosas no le salen como esperaba. Él nunca es el culpable de los males que le aquejan, el problema lo representa el "otro": manera predilecta de lavar las culpas de su puño y letra. El "vivo" es quien denosta los buenos valores de un pueblo volviendo todo o casi todo, a un nivel de las cosas demasiado efímero; pues, a diferencia de la sabiduría popular, apoyada en proyectos de mediano y largo plazo, sólo es para el "vivo" lo inmediato su campo de acción. El "vivo", palabra acuñada como quien vive de "chispazos" y cimbronazos en su "inteligencia"(sic) -supuestamente aguzada- es el que desde la perversidad y el cinismo derrumban el edificio institucional, construido por los valores de dignidad, solidaridad, etcétera, de una sociedad "moralmente bien"(sic). Pero bueno, esta cultura mediocre está instalada en la conciencia popular, en el colectivo imaginario, como quien dijera: "(...) es el virtuosismo de quienes sostienen este país bajo la corruptela generalizada"; así, soterradamente en las raíces de esta cultura que se cimenta a nuestra imagen y semejanza. Y para mal de males o colmo de colmos, en materia de relaciones exteriores, ante la mirada internacional y de toda latinoamerica.
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El DESCENTRARTE DE LO "NORMALIZADO": VACIONES, RELAX Y OCIO

Las vacaciones del 2008, comienzan sus andadurías por el vasto correr de 3 meses de relax, el de salirte de los lugares comunes del año anteriormente en curso, de salirte del muchas veces contenido vacuo de interpretar papeles sociales; en el que casi de seguro se pierde la verdadera esencia de nuestras personalidades... Tantas mojigatería baratas surgidas del contexto de relaciones sociales circenses, dictadas por instituciones varias que hacen al entramado social.

Son tiempos en que desatamos los nudos que nos imposibilitan expresar nuestros anhelos; de dejar fluir continuamente nuestros sueños con los demás; de construir universos a través de fiestas, como forma de des-estructurarnos de las exigencias de la vida diaria: devenidas en mandatos rígidos y burocráticos con que, cual manto, el campo social las tiñe, estructuralmente hablando. Muchas son las formas de desandar el camino trazado por el campo social; desatando, insisto, los "nudos" que nos deja el correr tras un reloj dictaminando la "vida universitaria o laboral". Algunos emprenden viajes con los amigos; otros con la familia; hay quienes prefieren quedarse en "la zona", y disfrutar de las oportunidades que les ofrece su provincia en materia turística. Están también quienes piensan que buscar un trabajo de medio tiempo es tal vez una forma de pagar sus intereses veraniegos. Hay varios tipos en fin, y un largo etcétera. Las diversas posibilidades excederían a esta -en simple pretensión de graficar unos cuantos ejemplos- simplificada enumeración. Son tiempos, como dijera, en que podemos des-estructurarnos de la materia que opone límites a nuestros espíritus y expresarlos libremente a través del arte de cualquier índole: escritura, pintura, dibujos, ilustraciones, etc. Lo que fuera en cuanto cualesquiera -de conciencia crítica y ganas de expresarse- pueda emprender, con fines lúdicos o propiamente artísticos, al comunicar un sentido de su cosmovisión sobre la vida. Es así que, la imaginación cobra especial importancia en cualquier rama social en que las personalidades, como capacidades y posibilidades de los individuos, se puedan abarcar. De este modo hay -hablando no estadísticamente, sino como modelo de representación para que el lector se ilustre- quienes rebosantes de energía necesitan expresarlos a través de emociones extremas (Bungee Jumping, Snow Boarding, Surfing, etc.), y otras no tantas como un simple "picadito" de Fútbol con los amigos de barrio. En síntesis, las posibilidades son infinitas, según las ganas que se tengan de explotar el potencial que llevamos dentro con vistas a pro-yectar nuestro Universo, a saber, las almas anhelantes de sentirse viva y ansiosa por disfrutar "su" eterno regodeo con la eternidad. Un gran filósofo español, Miguel de Unamuno, había dicho una vez que el Ser Humano es aquél que busca instintivamente la eternidad del alma, como necesidad metafísica de creer en algo superior a él... Filósofo cristiano si los hay queriendo difundir los mandatos y la moral de la Iglesia Católica. Estas pretensiones se enmarcan dentro de las corrientes de lo que se denominó como Existencialismo, ya iniciados con el holandés Kierkegaard y el francés Jean-Paul Sartre, como los más significativos hacedores de las teorías interpretativas del mundo y el hombre. Pero ese es otro tema históricamente mucho más amplio... Lo que significa en este extracto, cual bitácora de navegante adentrándose en las aguas diáfanas de la mar o el río, según la latitud geográfica en que nos encontremos -o bien piscina o pileta "pelopincho", ajustando aun más el lente a lo más cotidiano o barrial-; es el deshacerse de las rutinas interiorizadas en el curso del año, y dejarse llevar por el poder sugestivo de lo impredecible. La incertidumbre del dejarnos llevar por el océano interior de cada uno; el dejarse arrastrar por las corrientes tranquilas o vertiginosas, según el deseo interiorizado en todo individuo: universo de significación con fin en sí mismo...
Las vacaciones corren por cuenta de uno y su vital fantasía de dar rienda suelta al sosiego del alma. De lo esencial de nuestras personas para emprender el año ajetreado por venir, con todas la energías a tal caso.
Esto me hace acordar al adagio popular: "A cada cual según su necesidad, de cada cual según su capacidad". Reflexión del común de la gente que denota esa tendencia a la acción individual, en que somos el principal consorte de un mundo de significaciones personales, y no ya, un engranaje de la estructuración institucional. La que te marca los pasos cooptándote, aún cuando muchas veces, las más, somos inducidos -que no es precisamente muy sano en nuestra Humanidad- automáticamente a interactuar con un sistema mecanizado, cual su devenir diario... Pero esta es mi opinión, invito a sumarse a otros individuos a "divagar" sobre sus intereses diarios como varios, y más ahora en vacaciones. ¡Arrivederci!
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EL SENTIDO DE LA NAVIDAD EN LA COSMIVISIÓN CRISTIANA Y MODERNA

La Navidad antiguamente era un festejo -según dijera la Biblia- que celebraba el nacimiento del niño Jesús brotado por obra y arte – o de magia quizás- de la virgen María, por intermedio del Espíritu Santo, lo que dio nacimiento a la teoría de la Trinidad; o sea la división de Dios en tres sujetos, Padre, Hijo, y Espíritu Santo. Aún hoy día esta creencia está arraigada en la tradición católica de los pueblos, tanto Europeos como Americanos, y latinoamericanos, en el caso concreto de la creencia por estas latitudes de espacio y tiempo.

No obstante, emerge a esta cuestión el tema de la modernidad y los avances de la técnica, con la producción en serie de los productos y la globalización de las informaciones: con la publicidad cobrando especial protagonismo, en última instancia. Con respecto a esta realidad, que envuelve al contexto de los tiempos acelerados en que vivimos, la Navidad de antaño se re-significa en un sentido totalmente diferente a la antigua historia de la llegada del Mesías, a saber, el niño Jesús. El giro histórico es más bien el que deviene en un Papá Noel como insignia del consumo desmedido; creado por la falsa necesidad de consumir, sin más ni más, que por el sólo hecho de saciar un circulo vicioso de nunca acabar: comprar y consumir... Remontándonos en la historia de la Navidad, por poner en perspectiva sus orígenes y los fines con el que es usado en la actualidad, Habdon Sundblom fue el pintor quien, a pedido de la compañía de gaseosas Coca Cola and Company, trazó los rasgos definitivos de la figura regordeta de Santa Claus, como se lo conoce comúnmente en Norteamérica. El ilustrador de la revista Harper’s había hecho de este personaje un mítico hacedor del espíritu Navideño marketinero, entre 1863 y 1886, tomando como base la caracterización de un dibujante satírico llamado Thomas Nast. Es así que el Papá Noel de hoy día, en la conciencia popular, sólo se ocupa de incentivar a los niños a consumir pirotecnia -peligrosa para ellos por adolecer de una noción pertinente en las consecuencias para “su” salud - fuera de toda supervisión de los adultos; o bien a comprar adornos, como guirnaldas y pinos prefabricados para la “casa”, no ya para el hogar, pues deviene en capital de consumo. O bien ya, por último, víveres para los “familieros” comensales, ritual previo a la espera de las cero horas con el acostumbrado brindis de rigor, sólo por citar algunos de varios ejemplos de lo que significa actualmente este evento de antaño religioso. Manipulaciones todas, en fin, de hábitos influidos por los medios de comunicación y perpetuados por la publicidad como base de éste, lejos del consabido "espíritu navideño", tal la cosmovisión Católica Apostólica Romana, que imparten la Institución de la Iglesia a sus fieles creyentes por medio de la palabra.En el que según su discurso, la Navidad es encuentro con uno mismo y solidaridad con “nuestros” semejantes: reflejadas en la imagen del niño Jesús y la comunión de los seres mortales, ávidos de inmortalidad, con el Dios salvador, a través, claro, de la figura de aquél. El mito de “Santa”, así como suelen llamarlo a secas en los Estados Unidos, no obstante, viene de muchísimo antes a como lo conocemos hoy en día. Más precisamente, del Siglo IV, cuando, en territorio actualmente perteneciente a Turquía, un sacerdote cristiano comenzaba a forjarse la fama de “ídolo” de grandes y chicos; lo que le permitiría pasar a la historia como San Nicolás de Bari. Cuenta la leyenda que conmovido ante la situación caótica que generaba la peste en su ciudad, el susodicho Nicolás decidió un día repartir sus bienes entre los necesitados. En la ciudad de Mira el singular personaje decidió ordenarse como religioso, donde su tío ejercía la función de obispo, cargo eclesiástico que él mismo luego cumpliría más adelante. Allí, en esa ciudad, buscó siempre ayudar a los más necesitados y a los niños, por lo que cientos de historias comenzaron a tejerse en derredor suyo en tono de admiración ante sus hazañas y pruebas de solidaridad. Valores todos que tanto caracterizaron al “espíritu navideño” en la antigüedad, y hoy día, en la actualidad, tienen un sentido histórico totalmente vaciado de significación por una corporación como Coca Cola; quienes supieron utilizar el mito de este anciano bonachón de ropas color rojo y blanco, pero con la finalidad de patrocinar a sus productos. Siguiendo la línea histórica del anecdotario popular, la veneración de la que era objeto en el viejo mundo este personaje en cuestión, le permitió llegar a New York en 1621. De este modo arribó a la ciudad estadounidense como santo patrono de la inmigración holandesa, pero con el nombre de Sinter Klaas. Luego, los angloparlantes hicieron lo suyo para que esa denominación cambiara por Santa Claus, nombre con el que el viejo San Nicolás llegó a Gran Bretaña a comienzos del Siglo XIX, para luego fundirse con el Bonhomme Noëlfrancés que vestía blanco con vivos dorados y, Coca-Cola mediante, terminar convirtiéndose en el viejo y querido Papá Noel local. Empero, tras un primer estadio semiológico –como teorizara Roland Barthes en su ensayo Mitologías- en que Papá Noel era un hombre común y corriente que ayudó al prójimo ante la calamidad de "su" pueblo, en estos tiempos que corren bajo el segundero -y las milésimas de segundos del tiempo de una sociedad acelerada en sus costumbres y actividades-; la modernidad se encargó de configurar una nueva realidad, ya en segundo estadio semiológico: la de una Navidad regida por la ley de la Oferta y la Demanda. Así es que por estas causas enarboladas como tesis, las “Fiestas” adquieren el estatus de bien de consumo, con la publicidad como vaciadora de sentido al crear nuevas expectativas de necesidad falsas, las del consumo; pero, aun más todavía, la de un orden objetivo que nos absorbe, aparentemente, en su devenir diario. Curso de una vida, en conclusión, marcada por las manecillas del reloj interno de cada sujeto, e influjo directo de las estructuras del sistema social, político y económico en que nos encontramos inmersos, el capitalista. Situación, a fin de cuentas, en la que nos encontramos “todos” hace dos siglos tras los avances de la técnica, junto a las tecnologías y la masificación de los productos del capitalismo. Frente a esta perspectiva del orden social no queda más que adaptarse y seguir en tren de reflotar los viejos valores de un sentido de la Navidad. Aquél alejado del puro mercantilismo y la imposición de ideologías opresoras y dominantes, las de un orden que reproducimos ya en nuestras rutinas diarias; para así, de alguna forma, vivenciar un ritual que en comunidad fortalezcan los lazos fraternales, ya sea entre nuestros semejantes y familiares y/o, no obstante, a la sociedad toda. O por lo menos renovando, es decir adaptando a estos tiempos, las viejas costumbres que cimentaron la moral universal de los pueblos. A saber; un encuentro entre lo viejo y lo nuevo como síntesis a encarar la modernidad avasallante, investida de mensajes “lavadores de cerebro”.
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¿SENTIDO DE LA VIDA? INDESCIFRABLE PERO DISPENSABLE HASTA LOS ÚLTIMOS DÍAS...

Cuántas interrogantes sin respuestas, qué misterio es la vida, tanto historicismo y bagaje teórico se han disertados y gastado en libros, debates, conferencias o, reduciendo aun más la lente, en pliegos antiguos ya desde los primero escritos a punta de cincel en épocas del cristianismo; cuántos filósofos y especuladores de los orígenes de la humanidad han deambulado febrilmente buscando, cavilosamente, respuestas a la causas misma de la esencia y origen del universo, y todo por el afán de dar al hombre las riendas de su propio destino.

Creo, aún, cuando la cientificidad se apoderó de la humanidad, del hombre, y no al revés, haciendo de este "hombre neutro", gris -casi sin materia de tan irreal y sospechoso que se torna el ponerse tan al margen de la realidad, con puras ansias de analizarla-; en preso de su propia esencia... tanto ahínco se a puesto a echar luz a la sesgada realidad que el hombre se transformado en presa de su propia creación: con el riesgo de dejar al planeta al borde de la subversión de su propia esencia, de la naturalidad, de la matriz con que este mundo nos trajo a la vida sea cuales fueren las teorías que las avalen.Pero no queriendo entrar en disquisiciones existencialistas sartreanas, "...el ser precede a la esencia.", o demás especulaciones teórico filosóficas que enfrenten dialécticamente los conceptos, me aferro al sentido común del ciudadano promedio que soy, y somos todos en definitiva, con identidad de clase y demás yerbas academicistas, ante la intención de dejar plasmadas algunas ideas. Ideas que por A o por B suelen quedar en el tintero, desde el vamos ya en un simple reducto social cualesquiera. Por ejemplo: ¿tiene algún sentido el obedecer mandatos conservaduristas, impuestos por voluntad ajena en el tiempo sin más ni más, y vivir de este modo nuestras vidas diagramadas cual circuito cerrado de acción; ¿cómo si de antemano estuvieran escritos nuestros pasos, o por lo menos no dejado al designio del azar en nuestras opciones vitales, sino más bien como destinados a ser autómatas, sin progresar por móviles de empeño, de espíritu y sentimiento...? Primera pregunta a los bloggistas o a la gente en fin, informatizada o no.El hombre por naturaleza -esto ya es un hecho irrefutable que concede un sentido de realidad por medio de la acción- históricamente ha sido contradictorio en la forma de encarar sus diferencias: guerras, exterminios, xenofobias, y todo complejo social son ejemplos de ello. Qué ya han sido manchados los buenos y nobles ideales con los que se suelen empuñar a alguna diligencia común es un hecho irrefutable. La pregunta es, ¿es condición sine qua non sean reproducidas la contradicciones dialectales de la naturaleza misma en los hombres? Respondo, yo creo que no tendría sentido seguir una línea recta sin baches hacia un infinito indefinido y sin sobre saltos; es más, el día que pase aquello se acabó el misterio del hombre y la vida y hemos de quedamos petrificados en un continuo acontecer fantasmal, al de nuestras almas divagando perdidas en el limbo...Finalmente, para rematar este subjetivismo exacerbado de auto-conciencia, que me brota febrilmente tras un día de encierros de estudio, y viaje de hora y media de por medios, de una ciudad vecina a la otra. Pregunto para terminar rendido a los pies de mi cama, al lecho de obrero diario y de itinerante viajero: ¿tiene algún sentido buscarle causa y efecto a tantos sin sentidos de esta vida irracional y contradictoria? Yo creo en mi humilde opinión cedidas por este espacio de blog, que desde el vamos ya hay -como suele suceder desde hace tiempos remotos- más preguntas que respuestas. Afirmo, ya no creo, que el sentido de nosotros y las cosas las da la subjetividad de cada cual, el del hombre como fin en sí mismo, de acuerdo a nuestras percepción de nuestras reales condiciones de existencia.¡Claro que estas son sólo especulaciones finitas y combinaciones de palabras arbitrarias, sujetas a interpretaciones infinitas; ya que, todo se complica, valga la redundancia, en la complejidad de un contexto y una historia que suele condicionar el accionar social, y específicamente, el de nuestros pasos por esta vida. O así lo creo hoy día. Quién sabe, quizás cambien mis ideas en el devenir diario de esta compleja vida; el hombre es en sí un animal indescifrable pero podemos prescindir de tales respuestas ante tales interrogantes divergentes (...) ¿O no?

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