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EL IMPENETRABLE O LA AGONÍA QOM

Aquí les dejo esta crónica que me pareció muy sentida por el escritor y periodista chaqueño Mempo Giardinelli, para el diario Página 12. Una nota que muestra el politiquerío al que se nos tiene acostumbrado, y donde las campañas publicitarias y la demagogia priman más que resolver problemas de fondo en el Chaco.

Parecieran niños de nacionalidad africana por sus aspectos demacrados y huesudos pero no, son chicos del interior, del Impenetrable chaqueño.... la verdad que indigna y da escalofríos lo que relata Mempo. 25 de setiembre de 2007-Página 12.
http://static.pagina12.com.ar/fotos/20070925/notas/NA32FO01.jpg
Por Mempo Giardinelli
En estos tiempos el Chaco concita la atención de todo el mundo. Prensa y televisión global vienen a mirar los estragos de la desnutrición que afecta a miles de aborígenes en los bosques que se conocen –ya impropiamente– como El Impenetrable.
Mi colega y amiga Cristina Civale, autora del blog Civilización y Barbarie, del diario Clarín, me invita a acompañarla. No es la primera invitación que recibo, pero sí la primera que acepto. Rehusé viajar antes de las recientes elecciones, porque, obviamente, cualquier impresión escrita se habría interpretado como denuncia electoral. Y yo estoy convencido, desde hace mucho, de que la espantosa situación socioeconómica en que se encuentran los pueblos originarios del Chaco, y su vaciamiento sociocultural, no son mérito de un gobierno en particular de los últimos 30 o 40 años (los hubo civiles y militares; peronistas, procesistas y radicales) sino de todos ellos.
Primero nos detenemos en Sáenz Peña, la segunda ciudad del Chaco (90 mil habitantes), para una visita clandestina –no pedida ni autorizada– al Hospital Ramón Carrillo, el segundo más importante de esta provincia. Civale toma notas y entrevista a pacientes indígenas en las salas de Tisiología, mientras yo recorro los pasillos mojados bajo las infinitas goteras de los techos, y miro las paredes rotas, despintadas y sucias, los patios roñosos y un pozo negro abierto y rebalsando junto a la cocina.
Aunque el frente del hospital está recién pintado, detrás hay un basural a cielo abierto en medio de dos pabellones. Vidrios y muebles rotos, escombros, radiografías, cascotes y deshechos quirúrgicos enmarcan las salas donde los pacientes son sólo cuerpos chupados por enfermedades como la tuberculosis o el Chagas. Me impresiona la mucha gente que hay tirada en los pisos, no sé si son pacientes o familiares, lo mismo da.
Una hora después, en el camino hasta Juan José Castelli –población de 30 mil habitantes que se autocalifica “Portal del Impenetrable”– la desazón y la rabia se perfeccionan al observar lo que queda del otrora Chaco boscoso. Lo que fue imperio de quebrachos centenarios y fauna maravillosa, ahora son campos quemados, de suelo arenoso y desértico, con raigones por doquier esperando las topadoras que prepararán esta tierra para el festival de soja transgénica que asuela nuestro país.
Entramos –nuevamente por atrás– al Hospital de Castelli, que se supone atiende al 90 o 95 por ciento de los aborígenes de todo el Impenetrable. Lo que veo allí me golpea el pecho, las sienes, los huevos: por lo menos dos docenas de seres en condiciones definitivamente inhumanas. Parecen ex personas, apenas piel sobre huesos, cuerpos como los de los campos de concentración nazis.
Una mujer de 37 años que pesa menos de 30 kilos parece tener más de 70. No puede alzar los brazos, no entiende lo que se le pregunta. Cinco metros más allá una anciana (o eso parece) es apenas un montoncito de huesos sobre una cama desvencijada. El olor rancio es insoportable, las moscas gordas parecen ser lo único saludable, no hay médicos a la vista e impera un silencio espeso, pesado y acusador como el de los familiares que esperan junto a las camas, o tirados en el piso del pasillo, también aquí, sobre mantas mugrientas, quietos como quien espera a la Muerte, esa condenada que encima, aquí, se demora en venir.
Siento una furia nueva y creciente, una impotencia absoluta. Le pregunto a una joven enfermera que limpia un aparador vidriado si siempre es así. “Siempre”, responde irguiéndose con un trapo sucio en la mano, “aunque últimamente han sacado muchos, desde que empezó a venir la tele”.
Es flaquita y tiene cara de buena gente: se le ve más resignación que resentimiento. Son 44 enfermeros en todo el hospital pero no alcanzan para los tres turnos. Trabajan ocho horas diarias cinco días por semana y cobran alrededor de mil pesos los universitarios, y menos de 600 los contratados, como ella. Los días de lluvia los techos se llueven y esto es un infierno, dice y señala los machimbres podridos y los pozos negros saturados que revientan de mierda en baños y patios. Y todo se lava con agua, nomás, porque “no tenemos lavandina”.
Camino por otro pasillo y llego a Obstetricia y Pediatría. Allí todos son tobas. Una chiquilla llora ante su hijo, un saquito de huesos morenos con dos ojos enormes que duele mirar. Otra joven dice que no sabe qué tiene su nena pero no quiere que muera, aunque es obvio que se está muriendo. Hay una veintena de camas en el sector y en todas lo mismo: desnutrición extrema, mugre en las sábanas, miles de moscas, desolación y miedo en las miradas.
Después viajamos otra hora y el cuadro se hace más y más grotesco. Paramos en Fortín Lavalle, Villa Río Bermejito, las tierras allende el Puente La Sirena, los parajes El Colchón, El Espinillo y varios más. Son decenas de ranchos de barro y paja, taperas infames donde se hacinan familias de la etnia Qom (tobas). Todas, sin excepción, en condiciones infrahumanas.
Digan lo que digan, estas tierras –más de tres millones de hectáreas– fueron vendidas con los aborígenes dentro. Son varios miles y están ahí desde siempre, pero no tienen títulos, papeles, ni saben cómo conseguirlos. Los amigos del poder sí los tienen, y los hacen valer. El resultado es la devastación del Impenetrable: cuando el bosque se tala, las especies animales desaparecen, se extinguen. Los seres humanos también.
Y aunque algunas buenas almas urbanas digan lo contrario, y se escandalicen ciertas dirigencias, en el ahora ex Impenetrable chaqueño palabras duras como exterminio o genocidio tienen vigencia.
Desfilan ante nuestros ojos enfermos de tuberculosis, Chagas, lesmaniasis, niños empiojados que sólo han comido harina mojada en agua, rodeados de perros flacos, huesudos y ojerosos como sus dueños. Se llaman Margarita, Nazario, Abraham, María y lo mismo da. Casi todos dicen ser evangelistas, de la Asamblea de Dios, de la Iglesia Universal, de “los pentecostales” o “los anglicanos”. Involuntariamente irónico, evoco a Yupanqui: “Por aquí, Dios no pasó”.
Al caer la tarde estoy quebrado, roto, y sólo atino a borronear estos apuntes, indignado, consciente de su inutilidad. Al partir de regreso veo en un caserío un cartel deshilachado por el sol: “Con la fuerza de Rozas, vote lista 651”. Y en la pared de un rancho de barro, seguramente infestada de vinchucas, veo un corazón rojo como el de los pastores mediáticos brasileños de “Pare de sufrir”. Abajo dice: “Chaco merece más. Vote Capitanich”. A unos 400 kilómetros de aquí el escrutinio final de las elecciones avanza lenta, nerviosamente. En alguna oficina el ministro de Salud de esta provincia seguirá negando todo esto, mientras el gobernador se prepara para ser senador y vivir en Buenos Aires, bien lejos de aquí, como casi todos los legisladores.
Nunca antes el Chaco ni este país me habían dolido tanto.
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LA PERVERSIÓN NATURAL DEL HOMBRE

Es cierto que a lo largo de la historia: con guerras mundiales, sabotajes y persecuciones por pensamientos "heréticos" en contra de la iglesia, partidos racistas como los de Hitler y Mussolini que confinaron decenas de miles de judíos y negros, y en fin, un largo etcétera; el hombre se ha caracterizado por ir contra la naturaleza que lo hace "ser" como tal.

Ya no existen poetas que le cantan a la luna y a los astros, al amor como a la bella doncella; ya no existen escribas como los de antes que deleitaban con su prosa, en el que la pluma verdaderamente era más filosa que la espada; a base de violencia y sangre se ha escrito la historia... Por otro lado, la tecnología invadió todos los lugares habidos y por haber con técnicas que avanzan a pasos agigantados devorando todo vestigio de naturaleza, y haciendo de preludio a lo que se ha dado en denominar la era posmoderna; o bien la sociedad de la información en que "co-habitamos" virtualmente. La técnica se impone a todos los órdenes de la vida, hasta la más cotidiana de las actividades mundanas (por ejemplo chatear, postear en un blog sin ir más lejos)... Lo cientificísta prima más que cualquier naturalidad: ya sea el simple hecho de ver un bello amanecer tras una ventana; leer un buen libro policial a la noche, esperando ansioso el desenlace final que completen las pistas del rompecabezas de la trama; o bien algo más rutinario, como pasar un día en familia con tus pares, disfrutando de un trato limpio y cordial sin segundas intenciones, sólo lo más "natural" posible. Pero, claro, en ese mundo no vivimos, vivimos en un mundo acelerado hasta la parodia por las comunicaciones, por los avances de la técnica: un mundo plagado de histerias y locuras colectivas; de bombardeo de información y "caos", controlado a reprimendas policiales -digitado cuales piezas de ajedrez por sus gobernantes y presidentes. Un mundo perverso y deformado por intereses vanos, abyectos, en que la cotización del dólar, y ahora el euro, y los mercados son más importantes que un "nene" africano muriéndose de hambre; o un medio-oriental pisoteado por tropas yanquis tras la invasión a los Irakies... Es un mundo tan perverso que ni siquiera me dan ganas de seguir revolviendo en esta mierda en la que vivimos. No tiene sentido atormentarse reproduciendo la misma bazofia que creamos ya desde la escritura para los lectores. El único sentido que veo en todo esto es el proponer alternativas para el cambio de actitud: la de sometidos a las lógicas del poder circundante; las que nos vuelve esclavos de un sistema que te absorbe cual embudo en un círculo vicioso... hay que desembragarse de todo esa locura... pero es difícil.... ¡Ya lo creo!
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LAS ELECCIONES...

Domingo de elecciones si las hay, Resistencia, 28 de Octubre de un 2007 que corona el último día de una semana y el inicio de los días hábiles que siguen a esta cadena autómata que es la vida...

Yo por mi parte sin D.N.I hace cosa de unos tres años, que por esas casualidades del destino -léase, "en mi casa me ratonearon el hueso" como fuera costumbre,así, como entre hienas que se pelean por un bocado de carroña-; así es que me encuentro en mi humilde morada, en el sosiego del hogar, sin más complicaciones que tipeando éstas líneas en el contexto de la vasta e infinita red. Por otra parte, el universo electoral se presenta, creo, a mi parecer -siempre bajo el beneficio de la duda ante tales desvaríos de la subjetividad cual poseemos los sujetos-, como sin muy pocas opciones no teniendo más remedio que aplicar la filosofía cartesiana (¡je!) de elegir al menos corrupto. Aunque ya a estas alturas resulta más una certeza que una duda, el hecho de que los destinos del país sea digitado por los finos hilos del poder, el de un selecto grupo de políticos corrompidos, moralmente hablando. Políticos en pos de sus intereses proselitistas enarbolando la falsa moralina barata, la de quienes a punta de lanza llevan la demagogia como caballito de batalla de sus campañas publicitarias. El sentido común: ¿qué postula frente a tal panorama electoral, fueran las provincias cuales fueran? "Votemos a aquellos que creeríamos nos representan de acuerdo a nuestros afinidades políticas, como nuestra pertenencia a cierta clase.", tales afirmaciones las formula casi seguro el grueso de la Opinión pública de clase media, la cual se adueña del protagonismo de los medios por estas épocas. Ahora bien, por lógica consecuencia de quienes a lo largo de la historia se han guarecido de la buena fe de la gente, cuántos políticos de turno, con aspiraciones al sillón presidencial y todo su Aparato de Estado, no a recurrido a las clases obreras, la denominada clase trabajadora , para poder sacar provecho de su condición de precariedad... deberíamos ceñirnos a la historia en la década de los '70 sin ir más lejos. Es por ello que clientelismo político aún hoy es moneda corriente en un gobierno que prefiere dar "pan para hoy y dejar el hambre para mañana", como se diría en las clases populares de las cuales me siento identificado al escribir estas precarias líneas de opinión. Por eso es que dejo abierto el debate a todo aquél que se precie de bien, como buen ciudadano... y en la vía del debate político y de las grandes ideas cívico-democráticas, proyectemos un sentido a lo que la gente debería esperar de acuerdo a los lugares que nos tiene asignado este sistema, cuando está digitado en realidad sólo para unos pocos...
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